miércoles, 18 de enero de 2012

ESPAÑA, DE RODILLAS

Napoleón recibe al suplicante pueblo de Madrid el 4 de diciembre de 1808
Antoine J. Gros

La intervención de Napoleón a la cabeza del Gran Ejército marginó totalmente a José. El emperador no tuvo ni la menor consideración para con su hermano. No actuó en calidad de aliado sino de conquistador. Como tal, firmó el 4 de diciembre, antes de entrar en Madrid, los decretos de Chamartín, por los cuales abolía los derechos feudales, el tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, las alcabalas,la tercera parte de las órdenes religiosas y declaraba "enemigos de Francia y España" a todos los grandes de España que, después de Bailén se habían negado a reconocer la legitimidad de José

G. Dufour  "Los once días más amargos de José I"

 

martes, 3 de enero de 2012

LA GUERRA CONTRA LOS FRANCESES

 La rendición de Bailén
Casado del Alisal. Museo del Prado

  1. En el mes de junio de 1808 se produjeron los primeros enfrentamientos con las tropas francesas. Comenzaba así una primera etapa de la guerra de liberación que se prolongaría hasta la llegada a España del emperador en persona, en noviembre de este mismo año.
          La derrota en Bailén, el 19 de julio, del Cuerpo de Ejército de Dupont destinado a ocupar Andalucía tuvo resonancias europeas. El vencedor fue el abigarrado ejército que habían preparado las juntas de Andalucía y puesto al mando del general Castaños.
   2. Napoleón penetra en la Península el 4 de noviembre de 1808 y emprende una nueva campaña militar con no menos de 250.000 hombres. Con ellos comenzaba una segunda y larga fase de la guerra que no concluiría sino en enero de 1812 caracterizada por el dominio francés.
   3. A comienzos de 1809 la resistencia española estaba prácticamente reducida a la impotencia y hasta bien entrado 1811 los sucesivos esfuerzos no tendrían mejor resultado. Pero a partir de ahora se iban a producir dos hechos de capital importancia:
+ La definitiva entrada de Inglaterra en lo que allí se llamó la Peninsular War. Inglaterra aportaba su capacidad económica, industrial y su eficacia organizativa. La contrapartida sería una notable influencia en los asuntos políticos españoles.
+ La aparición de un sistema nuevo de guerra: la guerrilla que contribuyó de forma especial a crear para el ocupante el infierno español. Algunos agrupamientos guerrilleros como los mandados por Espoz, Longa o El Empecinado llegaron a poseer la eficacia de las fuerzas regulares. Pero en la guerrilla confluían tipos que iban desde el patriota al simple bandido y por ello se intentaron reglamentar más de una vez. Las guerrillas eran, en cualquier caso el máximo exponente del carácter popular de la guerra, también del fracaso militar, e inauguraban una concepción de la lucha bastante distinta de la clásica y llamada a un gran futuro.
   4. El año 1812 marca el gran vuelco de la guerra, que entraba en una tercera fase. La iniciativa de la guerra pasa enteramente al conglomerado de fuerzas compuesto por ingleses, españoles y en menor medida, portugueses, al mando del general  Wellington. El 22 de julio de 1812 obtiene la victoria de Arapiles: Wellington no tenía ya ante sí grandes agrupamientos franceses - a lo que no era tampoco  ajeno el  gran esfuerzo de Napoleón en Rusia- …
   Ante el continuo deterioro del Imperio en Europa y la nueva actividad de Wellington, el rey José emprende una retirada en regla en mayo de 1813. Aquí se suceden las victorias de Vitoria, 21 de junio, y San Marcial. Quedaban en manos francesas todo el este español, desde Valencia; Suchet emprendió la retirada el 5 de julio. Hasta el 18 de abril de 1814 hubo fuerzas francesas en España ocupando Cataluña donde aún  se encontraban cuando regresó Fernando VII  
     
Julio ARÓSTEGUI  “Un nuevo sistema político” 

AFRANCESADOS

Retrato de José Bonaparte
Jean B. Wicar

Los afrancesados constituyen un partido, por cuanto su decisión de jurar a José es la condición necesaria para alcanzar el poder y desarrollar desde él un programa específico, que los diferencia de los otros partidos que aparecen en estos años. Su total vinculación ideológica con el despotismo ilustrado les lleva a propugnar un régimen monárquico con una autoridad fuerte que impida experiencias revolucionarias como la francesa, pero que al mismo tiempo promueva las reformas que el país necesita. La Constitución de Bayona sobre la que nunca tuvieron ocasión de manifestarse con sinceridad y la dinastía Bonaparte se les aparecieron como una posibilidad que no podía descartarse. Tanto más cuanto la alternativa que ofrecía la España de la resistencia era la revolución…
La gestión gubernamental de los afrancesados no pasó de ser un desesperado intento no ya de realizar reformas sino simplemente de mantener una mínima administración nacional y de impedir la pretensión de desmembrar el país que en cierto momento tuvo el emperador. Los intentos de aproximación a la Junta Central no encontraron ninguna acogida y la reclamación contra los decretos napoleónicos que en febrero de 1810 creaban una administración independiente en los territorios del norte del Ebro fueron igualmente desatendidos.
La única actividad que merece señalarse es una obra legislativa que tiene más interés por su significación doctrinal que por su influencia en la vida nacional. Del conjunto de leyes que tuvieron una discutida vigencia en los años de la guerra constituyen un grupo aparte las que emanaron del emperador: los famosos decretos de diciembre de 1808 de publicarse hubieran puesto fin al régimen señorial, suprimido la Inquisición, reducido el número de conventos y trasladado las aduanas a la frontera nacional…
La derrota de los ejércitos imperiales planteó a los afrancesados la alternativa de someterse a la previsible represión que seguiría a la desaparición del régimen josefino o evitarla mediante la expatriación.

Miguel ARTOLA, Miguel “La burguesía revolucionaria”  



GUERRA DE GUERRILLAS

Serie "Desastres de la guerra".
Goya Museo del Prado

Diversos autores han glosado los supuestos de la guerra de guerrillas española como primera realización moderna de lo que hoy se conoce como “guerra revolucionaria”, que alcanzó su máxima expresión en la guerra de Vietnam
Este tipo de guerra, de la que España es precursora, requiere ciertos supuestos básicos, entre los que destacan:
-        La aplastante inferioridad militar, que obliga a eludir el combate clásico en campo abierto.
-        La beligerancia y el apoyo de la inmensa mayoría de la población.
-        El carácter incesante de la guerra.
-        La rapidez de movimientos
-        La dispersión de fuerzas a la hora de la retirada, y la concentración en el momento del ataque.
-        El factor sorpresa
-        La identificación de los combatientes con la población civil
-        La estrategia de objetivos limitados
-        La información constante sobre los movimientos y la situación del enemigo
-        La utilización del armamento capturado al enemigo
-        La experta utilización y el dominio del espacio geográfico.

Sobre este último punto hay que tener en cuenta que para las guerrillas el dominio geográfico del territorio no presupone la ocupación (y ni siquiera el control) del campo de batalla como definición concluyente de la victoria. De acuerdo con las normas de la guerra revolucionaria, todo el territorio nacional pasa a ser campo de batalla, pero las guerrillas no están obligas a defender permanentemente el terreno ni a sostener una línea de frente.

El historiador francés Madelin destaca la enorme sorpresa que para Napoleón supuso la guerra popular desatada en España, que rompía con el presupuesto básico de su doctrina bélica: destruir las fuerzas principales  del adversario en el campo de batalla, dando por sentado que después las “accesorias” caerían solas.
 ¿Pero qué ocurre cuando, por el contrario, el enemigo que trata de destruirse no posee nada que recuerde a un “Cuerpo de Batalla”? O bien, ¿ cuándo los medios de que el país dispone saben ocultarse de manera indefinida tras lo “accesorio”?.

MARTÍNEZ LAÍNEZ, F. “Como lobos hambrientos”

EL DOS DE MAYO DE 1808

El dos de mayo
Goya. Museo del Prado

...al instante corrió por la multitud que estaban destinados al viaje de los dos infantes, don Antonio y don Francisco. Por instantes crecía el enojo y la ira, cuando al oír de la boca de los criados de Palacio que el niño don Francisco lloraba y no quería ir, se enternecieron todos, y las mujeres prorrumpieron en lamentos y sentidos  sollozos.
En este estado, y alterados más y más los ánimos, llegó a Palacio el ayudante de Murat, M. Augusto Lagrange, encargado de ver lo que allí pasaba, y de saber si la inquietud popular ofrecía fundados temores de alguna conmoción grave. Al ver al ayudante, conocido como tal por su particular uniforme, nada grato a los ojos del pueblo, se persuadió este era venido allí para sacar por fuerza a los infantes. Siguióse un general susurro, y al grito de una mujerzuela “Que nos los llevan” fue embestido Lagrangue por todas partes, y hubiera perecido a no haberle escudado con su cuerpo el oficial de walones Desmaisieres; más subiendo de punto la gritería, y ciegos todos de rabia y desesperación, ambos iban a ser atropellados y muertos, si afortunadamente no hubiera llegado a tiempo una patrulla francesa, que los libró del furor de la embravecida plebe.
Murat, prontamente informado de lo que pasaba, envió sin tardanza un batallón con dos piezas de artillería; la proximidad a Palacio de su alojamiento facilitaba la breve ejecución de su orden. La tropa francesa, llegada que fue al paraje de la reunión popular, en vez de contener el alboroto en su origen, sin previo aviso ni determinación anterior hizo una descarga sobre los indefensos corrillos, causando así una general dispersión, y con ella un levantamiento en toda la capital, porque derramándose con celeridad hasta por los más distantes barrios los prófugos de Palacio, cundió con ellos el terror y el miedo, y en un instante y como por encanto se sublevó la población  entera.
Acudieron todos a buscar armas, y con ansia, a falta de buenas, se aprovechaban de las más arrinconadas y enmohecidas. Los franceses fueron impetuosamente acometidos por doquiera que se les encontraba. Respetáronse en general los que estaban dentro de las casas o iban desarmados, y con vigor se ensañaron contra los que intentaban juntarse con sus cuerpos o hacían fuego. Los hubo que, arrojando las armas implorando clemencia, se salvaron, y fueron custodiados en paraje seguro. ¡Admirable generosidad en medio de tan ciego y justo furor! El gentío era inmenso en la calle Mayor, de Alcalá, de la Montera y de las Carretas. Durante algún tiempo los franceses desaparecieron, y los inexpertos madrileños creyeron haber alcanzado y asegurado su triunfo; pero desgraciadamente fue de corta duración su alegría.

Conde de Toreno

CORTES DE CÁDIZ. CONVOCATORIA Y CARÁCTER

Juramento de los diputados a Cortes en el oratorio de San Felipe Neri.
Casado del Alisal. Congreso de Diputados. Madrid

...llegaron a partir del verano de 1810 a Cádiz, la única ciudad a salvo del ejército bonapartista. Se reunieron el 24 de septiembre como Cortes, cuya primera decisión fue la de declararse soberanas e inviolables, las depositarias exclusivas de la majestad de la nación. Era un acto revolucionario que no gustó a los absolutistas, porque las Cortes se habían colocado por encima del Rey.
Pronto se vio que había tres grupos de diputados: los absolutistas o “serviles”, los liberales y los americanos. Los liberales, sin ser mayoría, contaron con los americanos para aprobar un programa político y económico totalmente nuevo. Fue entonces cuando el adjetivo liberal, sinónimo de magnánimo y generoso, tomó contenido político como defensor de las libertades. También tuvieron el apoyo de la prensa gaditana y la presión de una calle que siguió con vehemencia los debates parlamentarios.
Del total de 395 diputados...más de la mitad, 174 diputados entrarían en la categoría social de profesiones liberales y funcionarios estatales. Le seguía el grupo de 94 eclesiásticos. Además hubo 8 aristócratas y 9 marinos de raigambre nobiliaria, y 20 diputados cuya profesión se define en términos de “propietarios” (15) y de “comerciantes” (5)(...)
...en sus biografías se confirma su vinculación con un horizonte de vida clasificable como burgués, pues defendían la libertad y la propiedad individual, aspiraban a una prosperidad nacional basada en la privatización de tierras eclesiásticas y señoriales y preconizaban la libertad de comercio e industria. Es cierto que para entender la obra legislativa de las Cortes de Cádiz hay que recordar que enfrente había otros españoles, los bonapartistas de José I – llamados afrancesados- que gobernaban parte de la Península con un programa liberal  moderado, que hizo de espejo y referente,
PÉREZ GARZÓN, Juan Sisinio “Nación y libertad” La aventura de la Historia” nº 159.